Física Cuántica y el Comportamiento.

muchas explicaciones y aún más equivocaciones. Por ejemplo, a mí me tomó años aprender inglés (y sigo aprendiendo). Pero a los adultos a veces se nos olvida y queremos que los niños nos entiendan a la primera.

Cuando los adultos tratamos de entender conceptos nuevos y complejos nos toma tiempo, muchas explicaciones y aún más equivocaciones. Por ejemplo, a mí me tomó años aprender inglés (y sigo aprendiendo). Pero a los adultos a veces se nos olvida y queremos que los niños nos entiendan a la primera.

Cuando les pedimos a nuestros hijos que se porten bien, esperamos que lo hagan y muy pocas veces pensamos que el “portarse bien” es un concepto nuevo (y que además varía con cada situación).

Hace unas semanas le dije a Monkey2 “portate bien” y se rió tanto que me lo tomé con ofensa y la mandé a su cuarto castigada. Pasados 5 minutos entré a su cuarto (ella estaba fresca y ni se acordaba del castigo) y le pregunté si ya estaba lista para portarse bien y me dijo que no sabía lo que era eso. Me enojé más pero antes de explotar entendí que de verdad yo nunca le había explicado lo que era “portarse bien”.

En casa tenemos tres reglas básicas

En un mundo ideal todos haríamos esto pero no siempre coincidimos. Chico y yo nos conformamos con que no hagan nada que los ponga en riesgo y que sonrían.

Monkey2 no regula sus impulsos ni su voz, hace mucho ruido y no deja de moverse. Yo  pido que baje un poco la voz y que no trate de colgarse de ningún lado.

Muchas veces esperamos que nuestros niños sean los mejores portados y cuando no lo hacen nos frustramos. El problema es que esta frustración nace de expectativas que basamos en cómo se porta el hijo de nuestra amiga, otro niño de la escuela o como nos los pintan en los libros.

¿Qué es lo que de verdad podemos esperar?

De 0 a 2:

¡Los niños son curiosos por naturaleza! Lo mejor es eliminar tentaciones. ¿No quieres que se meta el control de la tele a la boca? Entonces álzalo, lo mismo se aplica para medicinas, artículos de limpieza y cosas pequeñas con las que se pueden atorar.

Marca límites consistentes y recuerda que la repetición es el éxito para niños chicos. La siesta es importante pero hay niños que nada más no la necesitan, ellos de todas formas necesitan un tiempo de silencio y relajación.

De 3 a 5:

A esta edad ya entienden causa y efecto y es más fácil establecer reglas. Explicar cada regla y lo que esperamos de ellos hace más fácil que un castigo sirva de aprendizaje y no como una maldad perpetrada por mamá monstruo.

Establecer reglas familiares y estar de acuerdo con nuestra pareja en que comportamientos podemos permitir y cuáles no, ayuda a que los niños distingan entre lo que pueden o no hacer. Así mismo, tenemos que asegurarnos de dejarles saber cuándo hacen algo bien. La disciplina no se trata nada más de reprimir y castigar el mal comportamiento si no de reconocer y hasta premiar el bueno.

A esta edad algunos niños (como los míos) se benefician de tener un “cuadro de buen comportamiento”. En este, los niños y nosotros podemos ver claramente el progreso.

De 6 a 8:

Consistencia, consistencia y más consistencia. Cumple lo que prometes y siempre asegurate de que los niños entiendan claramente lo que pides de ellos. Muéstrate como ejemplo y no como teoría Explicación vs. Demostración. No les digas que sean amables si tú no les muestras amabilidad dentro y fuera de casa. No les pidas que coman saludable si tú no comes saludable. Los niños reflejan a sus padres y no lo contrario.

Mientras más grandes, más podemos pedir de ellos así como ellos esperarán más de nosotros. Recordemos que el día que nosotros nos graduamos de papás ellos se graduaron de hijos, nos titulamos el mismo día.

Seamos claros y precisos. No es lo mismo decir “Monkey2 portate bien” que decir “Monkey2 deja de gritar”. Una vez las cartas sobre la mesa, las reglas establecidas el juego es más placentero.