El lunes lloré.

Entregarle tu hijo a alguien en muy difícil. Ya sea la primera vez que lo llevas a la guardería, cuando se queda con una nanny o incluso el primer día de clases. Todos conocemos ese sentimiento pero pocos sabemos lo que es dejar a un hijo antes de que se lo lleven al quirófano.

Hace muchos años (cuando era soltera aún) una mamá cercana a mí, se despedía de su hijo antes de que se lo llevaran al quirófano. El niño iba totalmente sedado pero se aferraba a la mano de su mamá. Quiero anotar que ella es una mujer muy fuerte y sin embargo se quebró, le dio la bendición a su hijo y lloró mientras el médico lo cargaba. Yo tenía un nudo en la garganta más de ponerme en los zapatos de la madre, que de nada.

Monkey3, Chico y yo hemos hecho esto muchas veces y no es que uno se acostumbre o que ya no sintamos, pero después de tanto tiempo trabajando con los mismos médicos y enfermeras confiamos en ellos, sabemos que ellos ven a Monkey3 no solo como un paciente si no que al verlo crecer le tienen mucho cariño (además que Monkey3 es sumamente adorable).

El lunes por doceava vez llegamos temprano al hospital. Monkey3 es como una celebridad de 1 metro de alto al que todos saludan por los corredores, llegamos al piso de cirugía y empezó el proceso. Revisar historial, signos vitales, examen médico, explicación de la cirugía, firma de permisos. La anestesiólogo de M3 nos acompaña siempre, pero la cirujano era cara nueva. La Dra. K fue recomendada por otros médicos, es una neurólogo que se especializa en problemas neuromusculares y que practica procedimientos poco invasivos. La operación era en las piernas de M3, pero ella recomendó que incluyéramos los brazos antes de que el daño se extienda. Nos dio muchísima paz y tanto Chico como yo intercambiamos miradas llorosas de saber que si todo salía bien probablemente el daño muscular podía parar.

Inyectaron a M3 con un sedante y en cuestión de 5 minutos quedó en blanco, pero seguía sosteniendo mi suéter. Cuando lo puse en la camilla tenía aún su sonrisa coqueta, salimos del cuarto y escolté la camilla hasta la puerta del quirófano. Siempre antes de cada operación untamos a M3 con un aceite que sale del cuerpo de San Juan Maximovithch (murió en 1966 y su cuerpo se mantiene intacto), el lunes no fue excepción  pero esta vez me quedé llorando como una niña chica.

No es que no confiara en que todo saldría bien. Sé que mi enano es muy fuerte y que no podía estar en mejores manos, pero el pensar en la cantidad de veces que hemos hecho esto me dejó mal. Me fui al baño a llorar un rato y esperé en una esquinita a que salieran a decirme que todo estaba bien. Chico no pudo quedarse y esa separación fue tan difícil porque yo necesita que él me sostuviera y él se fue tristísimo por no poder quedarse.

Ese tiempo de espera es maldito, no te deja pensar y hasta tragar saliva es difícil. Sé que cada vez será igual así como sé que cada vez que M3 entra al quirófano es por una razón que nos acerca más a estar bien.

Por primera vez después de cirugía, Monkey3 tuvo que ir a cuidados intensivos antes de ir a recuperación y eso me aplastó más. Cuando por fin lo pasaron a recuperación, lo encontré en el corredor cuando lo traían en su camilla. Venía con un helado en mano y borracho de anestesia, delirando mientras medio tarareaba una canción. Estaba desconectado del mundo aún, como uno de esos borrachos alegres.

Después de un rato ese efecto se fue y empezó el dolor. Nunca, ni en la más largas y delicadas de sus operaciones Monkey3 había estado así. Cuando nos fuimos a casa, M3 aun no era él, no caminaba y seguía llorando. Para todos los que hemos vivimos un post-quirúrgico con él, esta reacción nos causó una tristeza enorme.

El martes Chico y yo nos despertamos al escuchar “TOKOLET MILK”, Matías estaba parado en la entrada del cuarto reclamando por su leche de chocolate. Aún le costaba trabajo moverse y la espalda le dolía, pero el ver a nuestro guerrero parado nos reafirmó que las cosas siempre salen bien, que paso a paso llegamos lejos y que siempre estamos en las mejores manos.

Hoy jueves ya está gritando y corriendo como que si nada hubiera pasado. Anoche ya se puso a rockear al ritmo de QUEEN y hasta le hizo cosquillas a la abue. Y como siempre las cosas siempre van “pa’lante”, todo siempre mejora, y todo sana a su tiempo.